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Entre medias cuenta que la mayoría de ellas son africanas y suramericanas. En el verano de , una operación urbanística financiada con fondos del plan Urban de la Unión Europea puso patas arriba la zona. Se instalaron cientos de farolas y bolardos para adecentar las calles y tanto los barrenderos como los policías municipales se esmeraron en limpiar el barrio. Fue sólo maquillaje, cirugía estética, una operación de varices donde lo importante era ocultarlas y no curarlas. A los pocos días, los habituales moradores habían vuelto.

Las promesas de limpieza volvieron el miércoles pasado, con el anuncio del candidato del PP a la alcaldía de crear una unidad especial de la Policía Municipal dedicada a luchar contra la venta de drogas tanto en las calles de la capital como en los locales de ocio. De ser así, la trasera de Gran Vía sería una de las primeras en caer.

La mayoría de los vecinos y comerciantes de la zona no ven solución a los problemas de la demarcación. Hace unos años, esta pareja, que lleva 23 con el negocio, decidió dejar de hacer guardias: Un día se nos metió un tío a robarnos. Lo detuvieron pero a los dos días estaba en la calle". Esta vecina de la calle de Tudescos sale precipitadamente de su casa, acompañada de un hombre, y sin pararse comenta: Siguen produciéndose pequeños robos, tirones y peleas entre grupos de traficantes, pero lo que a la gente le da miedo es la mala pinta de la mayoría de los que pasan por aquí".

El miedo surge por un problema de estética. Amor, un marroquí que tiene un bar en la Corredera Baja de San Pablo, afirma que esa falta de estética afecta a su negocio: En el Mesón Gallego no tienen la misma opinión. En las paredes del bar, en la calle de Ballesta, cuelgan decenas de carteles cargados de intención política: Una persona que trabaja allí teoriza sobre las causas de los conflictos que se dan en estas calles: Son dos polos que se atraen.

Con jarabe de palo esto no se cura". El temor a la zona se deja ver también a la hora de escoger piso. Allí, la revalorización de los pisos y los locales comerciales se ha dejado notar. El metro cuadrado en la calle de Fuencarral llega hasta los 3. Dos de ellos se enzarzan en una pelea que no llega a mayores. A esa hora sale Beatriz de su casa con dos amigos. La joven se cruza con el negro y lo mira con curiosidad.

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A ella, las varices le dan lo mismo. El comisario del distrito Centro, Julio Prieto, recita los problemas de la zona como un burócrata: Prieto fue jefe de un grupo policial que actuaba en la zona entre los años y En los apartamentos se vendía droga.

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Lo detuvieron pero a los dos días estaba en la calle". Esta vecina de la calle de Tudescos sale precipitadamente de su casa, acompañada de un hombre, y sin pararse comenta: Siguen produciéndose pequeños robos, tirones y peleas entre grupos de traficantes, pero lo que a la gente le da miedo es la mala pinta de la mayoría de los que pasan por aquí".

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Allí, la revalorización de los pisos y los locales comerciales se ha dejado notar. El metro cuadrado en la calle de Fuencarral llega hasta los 3. Dos de ellos se enzarzan en una pelea que no llega a mayores. A esa hora sale Beatriz de su casa con dos amigos. La joven se cruza con el negro y lo mira con curiosidad.

A Beatriz le gusta vivir en el barrio. Me gustan las putas, hablar con ellas. Son amigas mías, me encantan los traficantes, no me importa que haya droga ni yonquis ni nada, este barrio es así y espero que así siga por mucho tiempo.

Beatriz se agarra a los brazos de sus dos amigos y se marcha calle abajo dando saltitos. A ella, las varices le dan lo mismo. El comisario del distrito Centro, Julio Prieto, recita los problemas de la zona como un burócrata: Prieto fue jefe de un grupo policial que actuaba en la zona entre los años y Así esperan estas mujeres del sexo a ser rescatadas para obtener desde 10 euros la felación hasta 25 euros por cada acto de placer completo que proporcionan.

A plena luz del día. Lo peor de esta zona es que no quieren pagar mucho. Una mujer de la Europa del Este que no supera los 40 confirma, apostada en la vía Resina, que ése es el precio que se paga por el sexo en Marconi. Desde los 10 a los 25 euros. Y mientras lo cuenta, se apea de un vehículo una jovencísima y bella mujer rubia de ojos azules. Prefiere no pronunciar una palabra. La Policía Nacional de Villaverde confirma que la zona es peligrosa para estas chicas, mayoritariamente del Este de Europa.

La actividad es continua durante las 24 horas. En Montera y en la zona de Triball barrio de Malasaña , la cuota no es muy superior.

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